—Porque es muy posible que tengamos mañana un punto de partida más seguro para continuar nuestras pesquisas.

—Como gustéis, respondió Farlane con su imperturbable flema británica.

Cinco minutos después entró Shoking con la misma precipitación.

—El cab está abajo, dijo falto de aliento.

Marmouset tendió la mano al fenian.

—Hasta mañana, le dijo.

—Hasta mañana temprano, respondió Farlane.

Y despidiéndose de Vanda que volvía vestida para salir, tomó la puerta.

—Vamos pronto, dijo entonces Marmouset.

—¿No queréis que os acompañe? preguntó Shoking.