—Ven, si quieres.

Vanda y Marmouset entraron en el coche, y Shoking subió al pescante, al lado del cabman o cochero, que partió rápidamente.

El cab bajó a escape por Saint-George street, pasó en seguida por delante de la torre de Londres, entró en Thames street, y atravesando el puente de Londres, llegó a la orilla derecha y se dirigió hacia Rothnite. Al aproximarse a Rothnite-Church, es decir, a la iglesia de Rothnite, Marmouset gritó al cabman que se detuviese.

Shoking bajó inmediatamente a abrir la portezuela y Marmouset y Vanda descendieron del coche.

—Nos hallamos en un barrio miserable, de calles fangosos y estrechas, dijo Marmouset. Es pues inútil el continuar en carruaje y llamar inoportunamente la atención.

Y acabado de decir esto, pagó el carruaje y lo despidió.

En seguida los tres siguieron a pie su camino.

Además, Adam street, que es una de las callejuelas más miserables de aquel barrio, se hallaba a dos pasos.

Marmouset se acordaba perfectamente del número que le había dado Rocambole, y bien pronto se halló a la puerta de la casa designada.

Esta era una vieja casucha de tres pisos, bastante degradada, y de aspecto triste y sombrío.