Se entraba en ella por un portal estrecho y oscuro, en medio del cual había un ventanillo que daba a la tienda de un pescadero.

Este, al oír pasos en el portal, se asomó al ventanillo.

—¿Adónde vais? preguntó.

—¿No es aquí donde vive Betzy-Justice? preguntó Marmouset.

—Sí, en el tercer piso. No hay más que una puerta.

—¿Sabéis si está en su cuarto?

—¡Oh! ya lo creo! La pobre mujer está en cama desde el día en que ahorcaron a su marido.

Al oír esto, Marmouset, Vanda y Shoking tomaron la escalera.

Llegados al tercer piso, Marmouset llamó discretamente, a pesar de haber visto que la llave estaba a la puerta.

—¡Entrad! gritó una voz débil desde el interior.