La pobre vieja creyó comprender aquella mirada.
—¡Ah! exclamó, buscáis dónde he podido ocultar los papeles, ¿no es verdad?
Y soltando una carcajada nerviosa, que hacía daño oír, añadió:
—¡Oh! no están aquí; podéis creerme..... Se hallan muy lejos de esta casa.
—¡Ah! dijo Marmouset.
—Y si venís en efecto de parte del Hombre gris.....
—Muy pronto tendréis la prueba, Betzy, dijo Shoking.
Y tomó precipitadamente la puerta, mientras que Vanda y Marmouset se sentaban a la cabecera de aquella pobre mujer.
Shoking era hijo de Londres, y de consiguiente conocía aquella vasta ciudad hasta en sus menores detalles.
Una vez fuera de Adam street, torció hacia Rothnite-Church, donde sabía que encontraría en el fondo de un patio una estación de carruajes de alquiler.