Shoking llamó, y el buen anciano vino a abrir de seguida.
Al ver a Shoking, sus ojos medio apagados se animaron con una súbita alegría.
—¡Ah! exclamó, ¡mucho tiempo hace que no os dejáis ver, querido amigo!
—He estado ausente, respondió Shoking.
—¿De veras?
—He estado en Francia.
—¡Ah! muy bien.
—Y quisiera ver al abate Samuel. ¿Está allá arriba?
Y diciendo esto, designaba con la vista la puerta del campanario.
—Si, dijo el anciano con un movimiento de cabeza.