—Porque el trozo de roca que tenemos a la vista, en vez de ser impulsado hacia adelante, encontrará una fuerza de resistencia invencible en la columna de aire que aprisiona el río, y que existirá hasta que haya descendido más abajo del orificio del subterráneo.

—Todo eso es exacto, dijo Marmouset, pero me queda aún una objeción.

—Veamos.

—¿Cómo pegaremos fuego al barril, luego que se halle encerrado entre el peñon y el terraplén que vamos a construir?

—Por medio de la mecha, que haremos pasar entre las piedras.

—Pero esa mecha es demasiado corta.

—La alargaremos con un trozo de cualquiera de nuestras camisas cortada en tiras.

—Ya me había ocurrido también esa idea; pero la mecha no podrá nunca ser tan larga como lo exige la seguridad del que la pegue fuego.

—Eso no te importa, dijo Rocambole.

—¿Eh? exclamó Marmouset.