—Ahora estoy seguro de que el Hombre gris no ha muerto. Si se oculta de todos, es que tiene poderosas razones para hacerlo.—Y esas razones, veo perfectamente que las conoce el abate Samuel y que no quiere revelarlas.

Partiendo de esta idea, Shoking guardó un silencio lleno de reserva.

Así salieron del cementerio, y montaron en el cab que esperaba a Shoking en el square.

—Rothnite-Church, dijo al cochero.

El cab partió con la misma velocidad.

Llegados a la iglesia de Rothnite, el abate y Shoking echaron pie a tierra y despidieron el cab.

Después continuaron su camino a pie y llegaron a Adam street.

Marmouset los esperaba en el umbral de la puerta.

—¡Ah! venid pronto, dijo, venid pronto.

—¿Qué hay de nuevo? preguntó Shoking.