—Hay... que la pobre anciana se muere.
—¿Betzy?
—Después que nos dejaste, prosiguió Marmouset, ha tenido una crisis nerviosa, a la que se ha seguido una gran postración y debilidad; y en este momento apenas respira. No hay que perder tiempo, si es que ya puede reconocer al padre.
Y Marmouset saludó al abate Samuel.
—Tranquilizaos, caballero, dijo este en francés. Conozco a Betzy y la he visto muchas veces en ese estado, sobre todo después de la muerte de su marido.
Y hablando así, subieron a la miserable buhardilla.
Vanda continuaba a la cabecera de la pobre anciana, que yacía como inerte en su miserable lecho.
Pero cuando Betzy-Justice vio aparecer al abate Samuel, su rostro se trasfiguró y un sentimiento de satisfacción inefable se pintó en su mirada.
—¡Ah! exclamó, he creído morir antes de vuestra llegada.
El abate Samuel la tomó afectuosamente la mano.