—Cobrad ánimo, Betzy, la dijo.

—¡Oh! no me falta, respondió la vieja: además, debo cumplir las últimas voluntades de mi pobre Tom: es necesario que su muerte no haya sido inútil.

Y mirando a Shoking añadió:

—¿Conocéis a este hombre?

—Sí, respondió el abate Samuel.

—¿Es un amigo del Hombre gris?

—Sí.

—¡Ah! ¿Y vienen todos estos de su parte?

—Así es, dijo el sacerdote católico.

—Entonces... ¿puedo decirles donde están los papeles?