—¿No descubrís nada?
—Me parece que veo el cielo a través de una ventana.
—No es una ventana, sino una puerta.
En efecto, la bóveda donde acababan de penetrar por tan singular camino, tenía naturalmente una pequeña puerta que daba al cementerio.
El abate Samuel descorrió un cerrojo, y abrió con precaución la puerta.
—Yo sé dónde está la sepultura, añadió el sacerdote irlandés.
Y hablando así, salió delante para guiar a sus compañeros.
La noche era oscura y la niebla extremadamente densa.
—Seguídme, dijo de nuevo el abate Samuel, y marchad con precaución: es necesario evitar en lo posible el andar sobre las tumbas..... es una profanación.
A pesar de la oscuridad, el sacerdote se orientaba bastante bien.