—¡Ah! dijo Marmouset en voz baja, ¿sabéis en efecto cuál es la sepultura?
—Sí, me acuerdo haber notado la cruz de hierro y la breve inscripción que forma el epitafio.
—¿Sabíais también que contenía esos papeles?
—No; y sin embargo.....
—Sin embargo... ¿qué? preguntó Marmouset.
—Sé vagamente lo que encierran esos papeles.
—¡Ah!
—Hace unos tres meses, prosiguió el abate Samuel, un día vino un hombre a la iglesia de Saint-George, y solicitó hablarme.
—¿Quién era ese hombre?
—Tom, el marido de Betzy-Justice.