Después sir Evandale se embarcó para las Indias, donde servía en la marina real.
Las dos familias permanecieron estrechamente unidas.
No pasaba una sola semana, durante el invierno, sin que lord Ascott y su hija fuesen a visitar a lord Pembleton, a quien una cruel enfermedad, la gota tenía clavado en su sillón.
Miss Evelina y sir Jorge Pembleton, hermano segundo de sir Evandale, contrajeron poco a poco una amistad e intimidad fraternal, y salían con frecuencia juntos, dando largos paseos a caballo.
Cinco años se pasaron así.
Miss Evelina experimentaba un placer extremo en encontrarse al lado de sir Jorge, y sir Jorge llegaba a veces a concebir el criminal deseo de que el navío en donde iba su hermano mayor se estrellase contra una roca, en una noche de tempestad, y se perdiese con todo su equipaje.
Un día, en fin, los dos jóvenes llegaron a confesarse que se amaban.
Pero en miss Evelina dominó al amor la razón, y a la ardiente declaración de sir Jorge respondió espantada:
—¡Desgraciado!... ¿olvidáis que estoy desposada con vuestro hermano?
—¡Ay! ya lo sé, respondió el joven. Así ya he tomado mi resolución.