Lady Pembleton pensaba aún alguna vez en sir Jorge, el pobre segundón que servía en el ejército de las Indias.....
¡Pero lord Evandale era tan bueno... tan bondadoso con ella, y le manifestaba tanto respeto y amor!.....
Y luego, lady Pembleton no había tardado en ser madre, y la maternidad es un sentimiento que acaba por dominar todos los demás.
A medida que el tiempo pasaba, la imagen de sir Jorge se iba borrando poco a poco.
El ausente empezaba pues a caer en el olvido, y lord Evandale tocaba ya la hora propicia de conquistar por completo el amor de su esposa.
Pero la fatalidad debía disponerlo de otro modo.
Al heredar los títulos y cargos de su padre y su asiento en la Cámara alta, el jefe de la casa de Pembleton había conservado sin embargo su grado en la marina real.
Su carrera en ella había sido rápida, y en la época a que nos referimos era commodore, es decir, jefe de escuadra.
Un día recibió del almirantazgo la órden de embarcarse.
¿Adónde iba?