Aquella sombra era un hombre que parecía surgir como por encanto a orillas del riachuelo que llaman la Serpentina, y que venía derecho a la verja del jardín del palacio Pembleton.

Lady Evelina observó curiosamente a aquel hombre.

Pero la noche, como hemos dicho, era bastante oscura.

Sin embargo, ¡cuál no fue su asombro y en seguida su terror, cuando vio a aquel hombre sacar una llave del bolsillo y abrir la puerta de la verja!

La joven arrojó un grito agudo en el momento en que aquel hombre penetraba en el jardín.

Pero aquel grito no pareció conmoverlo, ni le hizo detenerse ni huir.

Al contrario, pareció guiarlo, y se vino derecho a la ventana.

Entonces lady Evelina se echó vivamente para atrás y corrió a coger el cordón de una campanilla que sacudió violentamente.

Nadie acudió a este llamamiento.

El desconocido trepó al alféizar de la ventana y saltó en la habitación.