Fuera de sí de terror, lady Evelina se lanzó hacia la puerta; pero en el mismo instante se sintió detenida por una mano vigorosa, y una voz que acabó de trastornarla la dijo:
—Evelina.... ¿no me reconocéis?
Al oír aquella voz la joven se quedó anonadada, petrificada de sorpresa.
—¡Sir Jorge! murmuró.
—Sí, yo soy.
Y el hermano menor de lord Evandale se echó a los pies de su cuñada, que se hallaba paralizada de terror.
XVIII
diario de un loco de bedlam.