No había lugar a la duda: sir Jorge Pembleton, el hermano de su marido, era en efecto quien lady Evelina veía delante de ella.

¡Y aquel hombre había osado penetrar en su casa por la ventana, como un ladrón o un asesino!

—Caballero, dijo la joven con terror, ¿cómo es que os halláis aquí?

Sir Jorge dobló de nuevo la rodilla.

—Evelina, dijo, mi querida Evelina, no me condenéis antes de haberme oído.

Su voz conmovida y su actitud suplicante tranquilizaron un poco a lady Evelina.

—Jorge, le dijo, ¿de dónde venís?

—De la India, contestó el joven.

—¡Ah! ¿Habéis dejado el servicio?

—No; he obtenido licencia por algunos meses. Y vengo solamente..... por vos.