—Nuestros dos navíos se han cruzado a la altura de Finisterre.

—¿Y os atrevéis?...

—Ya os lo he dicho; no vengo más que por vos.....

Lady Evelina fijaba en aquel hombre una mirada extraviada, y su pavor acrecía por instantes.

Sir Jorge no era ya por cierto el tímido y leal adolescente que se había separado hacía tres años de miss Evelina, cambiando con ella un adiós eterno.

Ahora era un hombre... un hombre de mirada sombría y resuelta, un hombre en cuyo continente se adivinaba que era capaz de todo.

Y sin embargo la joven, en medio de su turbación y de su espanto, no desesperaba de doblegar a aquel hombre y de traerlo al sentimiento del deber.

—Jorge, le dijo, vos sois hermano de Evandale y yo soy su esposa.

—Yo odio a Evandale, respondió el joven.

—¿Y decís que me amáis aún?