Lord Evandale recibió la órden de embarcarse y tomar el mando de una flotilla, y lady Evelina se encontró de nuevo sola.

Una tarde, la joven se paseaba en Hyde-Park, llevando a su hijo mayor por la mano.

La noche se aproximaba rápidamente.

Seguida a cierta distancia por dos de sus lacayos, lady Evelina se paseaba sin desconfianza por la margen de la Serpentina, cuando de repente, saliendo de un bosquecillo inmediato, se presentaron a ella dos hombres del pueblo, o dos roughs, como los llaman en Londres.

Lady Evelina se volvió vivamente y llamo a sus lacayos.

Pero estos habían desaparecido.

Al mismo tiempo, uno de los dos roughs se echó sobre ella, y le puso la mano en la boca para impedir que gritase.

El otro en tanto se apoderó del niño, y tomó precipitadamente la fuga.

Una hora después, los dos lacayos, que pretendían haberse extraviado por una alameda lateral, creyendo seguir a su señora, la habían encontrado desmayada a orillas de la Serpentina, y la condujeron a su casa.

En cuanto a su hijo, había desaparecido.