—No, todavía no, repuso Rocambole.

—Sin embargo hay un buen trozo de tiempo que trabajamos.

—Cuatro horas solamente.

—¡Ah!

—Y la marea no ha bajado todavía.

Milon suspiró y guardó silencio por algunos instantes.

—¿Cuánto tiempo nos queda? dijo en fin.

—Tres horas.

—¡Ah! en ese caso los policemen tienen tiempo de venir.....

—Es de esperar que no vengan, dijo Rocambole con calma.