Sir Jorge aparentó al principio una gran sorpresa.
—¿De qué niño hablas, miserable? le preguntó.
—Del hijo mayor de lady Evelina.
Sir Jorge protestó enérgicamente.
—No he visto al hijo de lady Evelina, contestó, ni comprendo lo que me quieres decir.
Pero Tom añadió fríamente:
—Os doy cinco minutos. Si dentro de cinco minutos no me habéis devuelto el niño, sois hombre muerto.
La mirada del Escocés expresaba tan fría y decidida resolución, que sir Jorge tuvo miedo, y lo confesó todo.
El hijo de lady Evelina había sido entregado a unos saltimbanquis que debían adiestrarlo en su oficio.
Tom podía encontrar esos saltimbanquis en Mail Road, muy cerca de la Work-house.