Esto explicaba su conducta. Haciendo desaparecer al hijo mayor, al primogénito que debía suceder a lord Evandale en su bienes y títulos, ¿no era asegurar esos mismos títulos y bienes al hijo segundo, es decir, al hijo de sir Jorge?
Después de este grave incidente, Tom no se separó ya de día ni de noche del hijo de lord Evandale.
Lady Evelina no salía jamás sola, y Tom estaba sin cesar a su lado.
Así pasaron algún tiempo, hasta que al fin llegó la noticia de la muerte de lord Evandale Pembleton.
Entonces, como queda dicho, lady Evelina se refugió a su castillo de los montes Cheviot, se rodeó de una guarnición numerosa, y no se decidió a bajar a New-Pembleton, hasta que llegó a saber que sir Arturo Jorge Pembleton se había embarcado de nuevo para las Indias.
V
Tal era el espantoso secreto que Lady Evelina había confesado por escrito, y puesto después ante los ojos de lord Ascott su padre.
Lord Ascott, como hemos visto, la había estrechado en sus brazos diciéndola:
—Tu hermano te vengará.