Sir Jorge se encogió de hombros.
—Y necesito toda vuestra sangre, añadió sir James.
—Estoy a vuestras órdenes, respondió tranquilamente el hermano de lord Evandale.
—Muy bien, dijo sir James, pero es necesario pensar en que sois mi superior y que no puedo batirme sin infringir las ordenanzas.
—¡Oh! que no quede por eso, respondió sir Jorge, yo me encargo de allanar esa dificultad.
—¡Ah!
—El almirante que manda la escuadra de evoluciones, anclada en el puerto, os autorizará, a petición mía, a batiros conmigo.
—Permitidme una observación, dijo sir James; olvidáis que nos unen lazos de parentesco o al menos de afinidad.....
—¿Y qué importa?
—Importa mucho. No quiero que nuestro duelo haga nacer la menor sospecha contra mi hermana.