—Pues bien, dijo sir Jorge, nos batiremos sin testigos.
—Iba a proponéroslo.
—¡Ah! muy bien.
—Y aun quería algo más.
—Veamos.
—¿No hay un bosque a poca distancia de la ciudad?
—Sí.
—¿Un bosque poblado de tigres?
—Como todas las selvas de la India.
—¡Magnífico! en ese caso, iremos mañana a ese bosque, cada uno por nuestro lado, a puestas del sol.