Y pronto se esparció el rumor por la ciudad de que sir Jorge Pembleton, víctima de su pasión por la caza, había tenido un fin horrible.
Tom y lady Evelina estaban, o creían estar al menos, tranquilos para siempre.
XX
diario de un loco de bedlam.
VI
Salvemos ahora un espacio de cinco años, y trasportémonos de nuevo a las agrestes fronteras de Escocia, cortadas por los montes Cheviot.
Corría el mes de abril de 1834.
Dos personas hablaban en voz baja en una de las salas abovedadas de Old-Pembleton.
El antiguo solar había visto nuevos días de esplendor y días de duelo durante aquellos cinco años.