—Hará cosa de tres años, lady Evelina me hizo llamar un día y me dijo:—Tom, es necesario que yo te consulte, pues tú eres hombre de buen consejo.
—Hablad, Lina, le respondí.
Pues como sabes, querida Betzy, soy hermano de leche de milady, y me ha quedado la costumbre de llamarla abreviando su nombre como lo hacía en nuestra infancia.
Milady prosiguió:
—Hace un mes que tengo ensueños espantosos.
—¿De veras? la dije.
—O mejor dicho, tengo siempre el mismo ensueño.
—¡Ah!
—¡Pero es terrible!
Yo esperé que milady se explicase, y guardé un respetuoso silencio.