XXI
diario de un loco de bedlam.
VII
Milady prosiguió:
—Las cimas nevadas de los montes Cheviot, y las verdes llanuras donde se asienta New-Pembleton,—todo eso acaba de desaparecer.
Mi esposo y yo continuamos sin embargo en nuestros cuadros, suspendidos a los muros ahumados de la galería; pero tenemos la facultad de ver las cosas más distantes.
Nos hallamos en medio del día.
El ardiente sol de los trópicos ilumina una sabana árida, un paisaje abrasado y triste.
Una multitud de hombres medio desnudos y cubiertos de sudor, trabajan penosamente bajo ese cielo de fuego, pidiendo a la tierra ingrata un producto que se niega las más veces a dar.