—Creo que no haréis eso, Tom, dijo John Pembrock.

—¿Y por qué causa, sir John?

—Porque este hombre está tan cansado, que apenas puede tenerse en pie, y porque parece que se muere de inanición.

—La aldea está a un paso y hay en ella una buena posada donde podrá confortarse; y para que lo haga mejor, puesto que os interesáis por él, voy a darle no una corona, sino una guinea.

—Tom, dijo John Pembrock, sed más humano, os lo suplico.

—Perdonad, doctor, yo he hecho un juramento a milady.

—¿Cuál?

—La he jurado no dejar entrar en Old-Pembleton más que a personas conocidas.

—Así, dijo John Pembrock, ¿negáis absolutamente la hospitalidad a este desgraciado?

—No me es posible obrar de otro modo.