—Vosotros no; yo solo.

—Eso es precisamente lo que no queremos, dijo Vanda.

—Pero eso es absolutamente lo que yo quiero.

—Hay sin embargo una cosa muy sencilla, murmuró Milon.

—¿Cuál?

—Echar a la suerte el que debe pegar fuego.

—Tienes razón en apariencia, dijo Rocambole.

—Ya veis...

—Pero no la tienes en realidad.

—¿Por qué? preguntó Milon.