Pero John Pembrock era un hombre de singular carácter.

Viendo que Tom no quería dejar entrar al mendigo, volvió la espalda y se negó resueltamente a penetrar en el castillo.

—¿Es posible?

—En aquel mismo instante se volvió a Perth.

—Al día siguiente encontraron muerta a nuestra pobre madre.

—Y bien, dijo sir Evandale, en todo eso veo que John Pembrock era un miserable; pero, en cuanto al pobre Indio, no ha sido en rigor sino la causa bien inocente.....

—Sea, repuso lord William, pero su vista me oprime siempre el corazón.

—¿Lo encontráis con frecuencia?

—¡Con demasiada frecuencia! Siempre anda por estos alrededores.

—¿Y cómo se hace que ese hombre, nacido a cuatro mil leguas de aquí, se haya establecido en nuestras montañas?