—Cosa es en efecto bien singular y que no sabré deciros.
—Tom debe de saberlo.
—Lo sabe todavía menos que yo, así como todos los habitantes de la comarca.
Ese mendigo, a quien llaman Nizam, pasa las noches en los bosques, y solo se le ve de día a la puerta de las poblaciones o de las casas de campo.
Además no se le conoce oficio alguno.
—¡Oh! respecto a eso no hay que extrañar, observó sir Evandale, el pobre es ya viejo.
—Es viejo, pero bastante ágil y robusto aún para poder ocuparse de un trabajo cualquiera.
—Hace poco he notado una cosa bien singular, milord, dijo sir Evandale.
—¿Cuál?
—Vos le habéis echado una guinea, ¿no es verdad?