—¿Qué queréis? exclamó lord William riéndose, eso no prueba más sino que tenéis el don de agradarle, mientras que yo le soy antipático.

Sir Evandale se sonrió de una manera equivoca.

—Eso no debe importaros, milord, dijo, hartas compensaciones tenéis.

—¿Qué queréis decir?

—¡Toma!... si ese pobre Indio manifiesta algún apego hacia mí, vos tenéis en cambio otras personas que os adoran y que pasarían su vida a vuestros pies, y que, estando a nuestro servicio, ni aun se dan la pena de disimular la aversión que me tienen.

Lord William se encogió de hombros.

—Apuesto, dijo, a que aludís a ese pobre Tom.

—¿Por qué negarlo? Hablo de Tom y de su mujer Betzy.

—¿Creéis que no os aman?

—Seguramente.