—Amo a miss Anna, y solicito el honor de unirme a ella en matrimonio.
A lo cual sir Archibaldo había respondido:
—Creo haber notado que mi hija os ama también: y por lo que a mi hace, tengo a mucho honor la demanda que me hacéis.
Lord William dejó escapar una exclamación de alegría.
Pero sir Archibaldo respondiendo a aquel movimiento juvenil con una sonrisa, se había apresurado a añadir:
—No os alegréis tan pronto, milord; nada hay todavía seguro, y las cosas irán más lentamente de lo que suponéis.
Lord William se había quedado mirando a sir Archibaldo con sorpresa.
Este prosiguió:
—Probablemente debéis saber que yo he estado casado con una India. Mi esposa, que tuve el dolor de perder hace mucho tiempo, era hija del nabab Moussamy, el más rico de los que habitan el Punjab.
—¿Y bien? exclamó lord William.