—Mi hija es su heredera.

—Bien.

—Y en razón de ese título, yo no puedo casarla sin el consentimiento del nabab.

Lord William frunció el entrecejo.

—Pero tranquilizaos, añadió sir Archibaldo. El viejo nabab adora a su nieta.

—¡Ah!

—Y de consiguiente quiere todo lo que ella quiere. Y si en esta ocasión miss Anna.......

Al oír esto, lord William se sonrojó como una doncella.

Lord William sabía que miss Anna le amaba.

Esta conferencia entre el joven lord y el baronet, y la que tuvo lugar en seguida entre el padre y la hija, habían permanecido secretas.