—Milord, creo que mi padre tiene que daros una buena noticia.
Lord William se sonrojó a su vez.
Todos se quedaron mirándolo con una curiosidad envidiosa, y al mismo tiempo sir Archibaldo se adelantó hacia él.
—Milord, le dijo, la respuesta que esperábamos de la India ha llegado.
Al encendido rubor que coloraba el rostro de lord William, se sucedió súbitamente una palidez mortal.
Sir Archibaldo prosiguió:
—El nabab Moussamy consiente en el matrimonio de miss Anna.
Y dirigiéndose a los gentlemen que los rodeaban, añadió:
—Señores, tengo el honor de anunciaros el próximo casamiento de miss Anna, mi hija, con el noble par de Inglaterra lord William Pembleton.
Muchos de los que oyeron esta solemne declaración se mordieron los labios, y en medio de los parabienes que se apresuraron a prodigar, ahogaron más de un suspiro y más de un sentimiento de despecho mal disimulado.