Pero, ¿por qué Nizam había dejado la India?
¿Por qué y para qué vino a Londres, y por qué había abandonado luego esta ciudad para venir a vivir mendigando en el condado de Northumberland?
Esto es lo que el Indio no decía.
Tal era el hombre que acababa de aparecerse a sir Evandale, en el momento en que se abandonaba a los arrebatos de su odio y de su sombría desesperación.
Nizam se deslizó al pie del árbol donde se había escondido, y sin el menor embarazo vino a sentarse al lado de sir Evandale.
Este, ya lo hemos dicho, lo miraba con un asombro que no estaba exento de miedo.
El Indio adivinó este sentimiento en el joven, y se apresuró a decirle:
—No temáis nada de mí. Os soy adicto, como lo es la liana al árbol a cuyo tronco se enlaza.
Y como sir Evandale continuase mirándole con recelo y sin responderle:
—Os amo como un perro a su amo, como un esclavo fiel a su señor, añadió el Indio con emoción, y toda mi sangre es vuestra.