—¿De veras? dijo sir Evandale.

—Os amo, prosiguió Nizam, y quisiera haceros lord.

—¡Oh!... ¡oh!

—Tal como os lo digo.

Sir Evandale inclinó la cabeza y exhaló un suspiro.

—Desgraciadamente, murmuró, eso es imposible.

—No hay nada imposible, dijo sentenciosamente el Indio.

—Pero..... pobre amigo.....

—Sir Evandale, prosiguió el Indio con gravedad, ¿tenéis prisa en seguir la caza?

—No.