—No riáis, sir Pembleton, exclamó Nizam.
El joven continuaba mirándolo con burlona curiosidad.
Entonces Nizam se levantó, irguió con altivez su talle encorvado, y sus ojos ardientes lanzaron una llama que ofuscó por un momento a sir Evandale.
—En el país donde nos hallamos, dijo, vivo, es verdad, de la caridad pública, y soy un objeto de horror y de piedad para todos, pero si yo quisiera.....
—¿Qué harías?... veamos.
—Haría lo que nadie puede hacer..... haría de vos..... lord Pembleton, dijo fríamente el Indio.
—¡Ah! exclamó sir Evandale estremeciéndose.
—Escuchadme, prosiguió Nizam.
Y volvió a sentarse familiarmente al lado del hermano desheredado de lord William Pembleton, el alto y poderoso señor y par de Inglaterra.