—¿Un secreto?
—Sí, un secreto que se refiere a vuestro..... nacimiento.
—Pero, dijo sir Evandale con altivez, mi nacimiento no tiene nada de misterioso, que yo sepa.
—Sí... y no.
Y diciendo esto, el mendigo clavó en el joven caballero una mirada tan resuelta y dominadora, que sir Jorge Evandale bajó la cabeza, humillado y sumiso ante aquel vagabundo.
—Decidme, prosiguió Nizam, ¿no habéis oído hablar nunca de vuestro tío sir Jorge Arturo Pembleton?
—Raramente, repuso sir Evandale.
—Pero en fin, ¿os han hablado alguna vez?
—Sí.
—¿Quién?