—Los criados de mi casa.

—¿Y vuestra madre?

—Jamás.

—¡Ah! dijo Nizam soltando una carcajada satánica, ¿no os habló nunca de él?

—No; y aún recuerdo, prosiguió sir Evandale, que un día estuvo a punto de desmayarse porque un doméstico pronunció ese nombre delante de ella.

—En otro tiempo no se hubiera desmayado, murmuró Nizam con voz sorda y acento irónico.

Sir Evandale se estremeció de nuevo.

—¿Qué quieres decir, mendigo! exclamó.

Nizam seguía sonriéndose.

—No pretendáis humillarme con vuestro desprecio, sir Evandale, dijo. Yo, mendigo tal que me veis, soy sin embargo poderoso; y, ya os lo he dicho, si me escucháis, os juro que haré de vos un lord, y os casaré con miss Anna, la rica heredera.......