—Para mí, no.

—¿Sir Jorge no ha muerto?

—Vive, os lo repito.

—¡Vive!

—Sí, y voy a probároslo.

Y al decir estas últimas palabras, Nizam se levantó rápidamente.

—Esperadme aquí, añadió, vuelvo dentro de pocos minutos.

Y desapareció entre las árboles del bosque.

Nizam se dirigió a un arroyo que corría entre la espesura, se arrodilló inclinándose en su orilla y se lavó repetidas veces el rostro.

Hecho esto, volvió adonde se hallaba el joven Evandale.