Este al verlo llegar arrojó un grito de sorpresa.

El color bronceado del rostro de Nizam había desaparecido.

Nizam era blanco como un Europeo, como un Inglés.

Y como sir Evandale le miraba con estupor, el supuesto Indio le dijo:

—¿No preguntabais por sir Jorge?... Pues bien, heme aquí.

—¿Vos?..... ¿vos? exclamó el joven con asombro.

—Yo, tu padre, dijo el supuesto Indio.

Y estrechando a sir Evandale entre sus brazos, lo cubrió de besos furiosos.

Este hombre que vivía hacía diez años en el país, y que todo el mundo llamaba Nizam el Indio, era efectivamente sir Jorge Arturo Pembleton.

Era el mismo a quien sir James Ascott había dejado herido en una pierna y sin movimiento, en medio de un bosque de la India poblado de tigres.