Por consiguiente, de acuerdo con el brahmin, tomó todas las medidas que pudiesen acreditar su muerte.

Un cipayo que venía por las noches a merodear en la aldea, había sido asesinado por los Indios.

Su cuerpo, destrozado por las aves de rapiña, yacía enteramente desfigurado en un campo inmediato.

El brahmin le puso el uniforme desgarrado de sir Jorge, y lo trasportó a la entrada de la selva.

Así fue como sir Jorge pasó por muerto a los ojos de todos, y fue dado de baja en la marina inglesa.

Aquí llegaba de su relato el supuesto Nizam, cuando sir Evandale le interrumpió diciéndole:

—Pero, ¿qué interés teníais en pasar por muerto?

El fingido Indio se sonrió misteriosamente.

—Voy a decirtelo, hijo mío, respondió.

Y abrazó de nuevo con pasión a sir Evandale.