—Veamos, dijo el supuesto Indio sonriéndose.
—Tendría yo a la sazón cuatro o cinco años, prosiguió sir Evandale, y me acuerdo que me habían llevado, una hermosa tarde de invierno, a Hyde-Parc, al margen de la Serpentina cuya superficie estaba helada.
Muchos niños de mi edad jugaban allí, y algunos se divertían en deslizarse por el hielo... y me parece ver aún un rough de color atezado que permanecía a distancia, y nos miraba jugar.
—Era yo, dijo sencillamente Nizam.
—¡Oh! sí, erais vos, prosiguió sir Evandale, os reconozco en vuestra mirada.
—Era a ti a quien yo contemplaba.
—¡Ah!
—Pero continúa. ¿No te acuerdas de otra cosa?
—¡Oh! sí. A los pocos instantes, el hielo se rompió de repente, y uno de los niños se hundió en el río arrojando un grito terrible.—Entonces el rough dio un salto, se precipitó en el río y sacó al niño sano y salvo, atrayéndose los aplausos de la multitud que llenaba el parque.
—¿Y qué más?