—No sé. Aquel hombre desapareció en seguida.
—¿Y no lo has vuelto a ver hasta aquí? dijo Nizam.
—Sin conocerlo; puesto que sin vuestra historia, yo no hubiera tenido ese recuerdo de mi infancia.
—Entonces déjame proseguir, dijo Nizam.
Y Nizam, o mejor dicho sir Jorge, continuó en estos términos su relato.
—Lady Evelina, dijo, dejó a Londres de nuevo, y vino a establecerse en Old-Pembleton.
Entonces, dominado por el deseo de verla furtivamente alguna vez, emprendí detrás de ella tan largo y penoso viaje.
Mis recursos estaban agotados, y así me fue forzoso el venir implorando la caridad pública por los caminos y parajes habitados.
Pero tras tan penoso sacrificio, no logré conseguir mi objeto. Ningún extraño podía penetrar en Old-Pembleton.
Lady Evelina y ese maldecido Tom, habían hecho del antiguo solar una verdadera fortaleza.