—Siempre.
—¿Mendigando?
—Sí, y dichoso en medio de mi miseria, cada vez que lograba verte.
—Así pues, murmuró sir Evandale, vos sois sir Jorge Pembleton...
—Sí.
—Y de consiguiente..... mi padre.
—Sí, repitió el supuesto Indio con los ojos arrasados en lágrimas.
—Pues bien, padre mío, dijo sir Evandale, venid conmigo.—Yo parto en breve para las Indias; vos me acompañaréis, y allí viviremos dichosos, vos consolándome con vuestro cariño, y yo rodeando de cuidados vuestra vejez.
Sir Evandale, al decir esto, hablaba con verdadera emoción.
Nizam volvió a estrecharlo en sus brazos.