—No, hijo mío, exclamó, tú no irás a las Indias.
—Pero, ¿adónde queréis que vaya?
—Permanecerás aquí.
—¿Para presenciar la dicha de un hermano a quien odio?
—No, sino para tomar su puesto.
Sir Evandale dejó escapar un grito.
Nizam prosiguió con una especie de exaltación:
—¡Tú serás lord!
—¿Yo?
—¡Y te casarás con miss Anna!