—Capitán, dijo, en nombre de Dios concededme una gracia.

—Habla.

—Permitidme permanecer a vuestro lado.

—Sea, dijo Rocambole.

Milon lanzó un grito de alegría.

Entonces el jefe se acercó a Vanda y la estrechó afectuosamente entre sus brazos, y luego abrazó sucesivamente a cada uno de sus compañeros.

—¡Ahora, alejaos! dijo.

Y todos obedecieron.

Vanda se alejó también, pero volviéndose a cada paso.

—¡Más de prisa! gritó Rocambole.