Después, cuando todos desaparecieron a lo lejos, se volvió a Milon y le dijo:
—¿Estás pronto?
—Ahora y siempre, respondió el coloso.
—¿No tienes repugnancia en ir de este modo a la eternidad?
—Con vos, ninguna.
—Está bien. En ese caso..... ¡en camino!
Y diciendo esto, Rocambole aproximó la antorcha a la mecha y la pegó fuego.
En seguida se cruzó de brazos y esperó.
Milon permaneció tan impasible como él.
Y la mecha en tanto ardía lentamente, y el fuego llegaba ya al muro que la separaba del barril...