—Sí, te casarás con miss Anna.
—Pero, ¿me prometéis solemnemente que William no morirá?
—¡Te lo juro!
Y Nizam dijo esto con un acento de seguridad que no dejaba lugar a la duda.
—¡Oh! exclamó sir Evandale, ¡me parece que estoy poseído de un vértigo!
—¡Lord Pembleton! dijo Nizam con aire de triunfo, yo te saludo!
Y el Indio desapareció entre la maleza, dejando a sir Evandale solo, aturdido y paralizado de estupor.
XXVII
diario de un loco de bedlam.