—A vos.

—¡Ah! contestó lacónicamente el joven.

Y esperó a que su hermano acabara de explicarse.

—En primer lugar, prosiguió lord William, os diré que soy el hombre más dichoso de este mundo.

—¡De veras!

—Dentro de tres semanas, miss Anna se llamará lady Pembleton.

—Os felicito sinceramente, murmuró sir Evandale con aire embarazado.

—En segundo lugar hemos hablado mucho de vos, el padre de miss Anna y yo.

—¿Y a qué propósito? preguntó sir Evandale.

—Ya os he dicho otras veces, hermano mío, prosiguió el joven lord, cuánto detesto la ley inglesa que ha establecido los mayorazgos.